Nombre del autor:AdminJenny

Los roles sociales

El rol social se define como la serie de expectativas que la sociedad tiene sobre un individuo. La primera gran pregunta que nos deberíamos hacer sería, ¿cuáles son nuestros roles sociales? Se establecen una serie de consensos que determinan qué conductas son apropiadas y cuáles no. A cada estatus social se le exige un rol determinado de comportamiento. Los roles se desempeñan dentro de cualquier grupo y en cualquier circunstancia, por ejemplo, en un equipo de baloncesto se encuentra: el base, el alero, el pívot, el entrenador, etc… El rol cada uno lo construye y lo adapta a sí mismo. Puede que en un principio este rol esté definido por lo que los demás miembros del grupo esperen de uno mismo, pero posteriormente, cada uno deberá adaptar esas expectativas y exigencias de los demás a sus características personales. Cuando esta adaptación no sucede, es cuando las personas pueden sentirse frustradas e incómodas. Vamos a desglosar el “rol social” en tres apartados que nos han parecido interesantes de destacar: Construir nuestros roles sociales Nuestro rol en la sociedad evoluciona constantemente. Este dinamismo nos permite, a nosotros como individuos conscientes, poder participar en ese cambio. Con nuestras conductas y comportamientos generamos unas expectativas en los demás. Los problemas suelen aparecer cuando nos comportamos de una forma diferente a lo que somos. Cuando intentamos adoptar un rol que sobrepasa nuestros límites de flexibilidad o cuando queremos introducir cambios demasiado rápidos y radicales en nuestras funciones. Existen “puestos” a los que nos adaptamos cuando entramos en un grupo nuevo. En este caso, lo conveniente sería adaptar el rol a nuestra forma de ser y no adaptar nuestra forma de ser al rol. Factores de estrés vinculados a los roles sociales Existen unos factores vinculados al rol que pueden generarnos ansiedad y estrés: Ambigüedad de rol: cuando tenemos que adaptarnos a un rol en el que no sabemos realmente qué es lo que tenemos que hacer o no está claro nuestro papel ni sabemos lo que los demás esperan de nosotros. Conflicto de roles, en este caso podemos destacar dos tipos de conflicto: El conflicto dentro del mismo rol: cuando el rol no va con mi forma de ser y no puedo dar lo que me piden. El conflicto entre roles: cuando me asignan, dentro de un mismo grupo, dos roles distintos, por ejemplo: ser padre y trabajador al mismo tiempo. Esto podría generar estrés sino logro cumplir con ambos. Roles adjudicados: son los problemas que derivan de adaptarnos a un rol establecido sin tener en cuenta nuestra personalidad y contando con poco margen para reconstruirlo nosotros. La exigencia o no exigencia en mi rol: cuando se generan unas expectativas por encima de lo que nosotros somos o podemos dar. Esto provoca en nosotros frustración, estrés y ansiedad. También existe la “no exigencia” o poca exigencia que es cuando tienen unas expectativas “pobres” sobre nosotros y esto no nos permite crecer como personas y puede llevarnos a la pasividad. Cuando nos creemos nuestro rol Construir un rol requiere tiempo e inteligencia. Por ello es importante saber crear un rol conociéndonos a nosotros mismos para saber gestionarlo de la mejor forma posible y así poder sacar el mayor provecho. Cada rol exige una cierta dedicación. De cada rol podemos sacar un aprendizaje. Cuando se nos acaba un determinado rol, lo mejor que podemos hacer es asumirlo, al fin y al cabo, el rol es la oportunidad que tenemos de mostrar al mundo lo que somos capaces de aportar. Aunque parezca un matiz sin importancia, cuando creemos que nosotros somos un rol concreto, estamos errando en nuestra identificación. En esta entrada te ayudamos a normalizar la asistencia a sesiones: ¿por qué nos cuesta tanto ir al psicólogo? Conoce más sobre nosotros en la web o contáctanos a través de nuestras redes sociales.

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Los celos

¿Qué son los celos? ¿Qué tipos hay? Síntomas de los celos, causas y sus consecuencias. Descúbrelos en esta entrada de blog. Los celos forman parte de las relaciones de pareja en mayor o menor medida, lo que marca la diferencia, es cómo nos afectan, cómo los gestionamos y cómo los comunicamos. Podríamos clasificar los celos en dos formas diferentes: Los celos adaptativos, tienen que ver más con el apego, se reflejan más en el vinculo con la pareja y ese miedo a perderla, se caracteriza por lo emocional. Los celos patológicos o celotipia, se caracteriza por ser preocupaciones excesivas y reiteradas sobre la lealtad. Este tipo de celos puede generar ansiedad e hipervigilancia, lo que genera una desconfianza en la pareja y se puede llegar a convertir en una relación sumamente tóxica. A pesar de saber y tener todas esta teoría en la cabeza, hay personas para quien esto se vuelve complicado. Cuando empezamos a sentir que no se trata únicamente de timidez o vergüenza, podemos encontrarnos en el polo extremo de la ansiedad. Si quieres saber más de ello, sigue leyendo. Síntomas de los celos La sintomatología de los celos patológicos o celotipia no siempre es vista como un problema por la persona que lo sufre ya que en muchos casos se interpreta cómo una conducta demostrativa de preocupación y amor hacia el otro. A nivel emocional, se generan celos al entorno de la persona tanto a las amistades, los familiares, los compañeros de trabajo o sus gustos. Puede generar ansiedad, depresión o irritabilidad constante, siempre partiendo de una desconfianza constante a todos los movimientos de la otra persona. A nivel conductual, aparecen conductas de control y vigilancia constantes entre las que se encuentra el claro ejemplo de mirar el móvil a la otra persona. Se genera un vínculo de contacto constante, para poder saber lo que hace en todo momento. A nivel cognitivo, las personas que tienen celotipia suelen tener pensamientos distorsionados e intrusivos frente a la otra persona, aparecen estímulos ambiguos cómo muestras inequívocas de infidelidad cómo pueden ser sonreír o mirar a otra persona y como no las comparaciones constantes. Los celos y sus causas Las dos piezas clave dentro de las causas son, las inseguridades y la baja autoestima. Estas dos situaciones se pueden dar por diversos motivos, empezando por haber tenido experiencias anteriores traumáticas, donde la relación anterior no ha sabido aportar lo suficiente a la relación. Otra situación sería la aportación de la pareja actual a la relación, el no transmitir esa confianza puede generar dichos celos. Las otras dos situaciones son las características personales de cada uno. Su forma de ser puede condicionar la relación y por último serían las creencias o expectativas falsas que uno se crea al iniciar la relación. Podemos hablar de la frustración al no conseguir los objetivos marcados. Consecuencias de los celos Se manifiestan tanto en la persona que los sufre, la persona objeto de los celos y la propia relación de pareja: A nivel personal Son trastornos como ansiedad, depresión irritabilidad y dificultad para controlar la ira con la pareja y con el entorno. La pérdida de control sobre la relación, sentimientos de culpabilidad y una perdida gradual de la autoestima. Para la otra persona Suelen ser sentimientos de frustración, distancia emocional con la pareja, miedo a las reacciones de la pareja. Para la pareja El establecimiento de dinámicas disfuncionales, como el establecimiento de una comunicación negativa e ineficaz. Se crea al mismo tiempo una dinámica de acercamiento y alejamiento de los miembros. La conducta de control de la persona celosa genera como reacción una conducta de alejamiento en la persona objeto de los celos para preservar su autonomía e intimidad. Esto es interpretado por la persona celosa como señal de infidelidad y ejerce más conductas de control sobre la pareja y como consecuencia, la persona objeto pone más distancia, esto a su vez hace que la persona celosa aumente su nivel e intensidad de las conductas controladoras creando esta dinámica de acercamiento y alejamiento que siempre será fuente de conflicto en la relación. En definitiva, la persona objeto de los celos buscará protegerse de las conductas de control. La persona celosa intentará eliminar sus miedos sobre la infidelidad a través del aumento de las conductas de control. En esta entrada te ayudamos a normalizar la asistencia a sesiones: ¿por qué nos cuesta tanto ir al psicólogo? Conoce más sobre nosotros en la web o contáctanos a través de nuestras redes sociales.

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Aprende a afrontar la culpa

¿Qué es la culpa y cómo comienza a formar parte de nuestra vida? ¿Cómo sé que la culpa forma parte de mi vida? ¿Se puede trabajar? En Psicoline hemos hablado de muchas emociones y aunque la culpa es más bien un sentimiento que deriva de la tristeza, creemos que puede formar parte de nuestra vida en muchos momentos y que no le hemos dado la voz suficiente. ¿Qué es la culpa? La culpa resulta desagradable y por eso en muchas ocasiones la rechazamos o intentamos deshacernos de ella como podemos. Aparece cuando sentimos que hemos pasado el límite de las normas éticas personales o sociales y se agrava, sobre todo, cuando una persona sale perjudicada. Es decir, la culpa aparece cuando sentimos que hemos fallado. Sin embargo, como pasa con cualquier emoción o sentimiento está ahí por algo y también puede tener algo que aportarnos. En el caso de la culpa, es cuidar nuestros vínculos. Si sentimos que una relación no va bien, reflexionamos y analizamos sobre lo que ha podido ocurrir y la culpa nos mueve a responsabilizarnos (si la trabajamos) de nuestros errores y a reparar el daño que se haya podido causar. ¿Cómo empieza a formar parte de nuestra vida? Como hemos dicho antes, este sentimiento tiene que ver con las normas sociales, por lo que se va creando en función de cómo vivimos en sociedad. Influye mucho lo que aprendemos de nuestro entorno (familia, colegio, amistades, etc.). Todo esto nos acaba llevando a sentir que el pasado pesa, a que aparezca constantemente un ‘debería haber hecho…’ y acaba quitando energías de todas las maneras posibles. Es importante cuidarnos y trabajar sobre ella porque algunas consecuencias negativas que pueden aparecer son: Baja autoestima y una autocrítica excesiva: Inseguridad y dificultad para gestionar las emociones Sentimiento de bloqueo Culpa vs. Responsabilidad ¿Pero qué ocurre cuando sentimos culpa de forma constante? Pues que hablamos de una culpa desadaptativa. Es cierto que la culpa nos moviliza y nos lleva a reparar relaciones o posibles fallos que hayamos cometido, sin embargo, a veces acaba envolviendo nuestra vida y nos llega a paralizar. Una culpa sana nos lleva a reflexionar sobre lo ocurrido y a responsabilizarnos. Es decir, nos ayuda a tomar decisiones y reparar sin que se convierta una losa para nosotr@s mism@s. ¿Cómo sé que la culpa forma parte de mi vida? A veces, cuando pensamos mucho sobre el pasado, los ‘debería ser’ acaban abarcando gran parte de nuestro día a día. Acaba generándonos mucho estrés, irascibilidad, rabia o un conjunto de emociones intensas que en muchas ocasiones sobrepasan nuestro nivel de tolerancia. Algunas consecuencias derivadas de la culpa son: Inseguridad Comienzas a dudar de ti mism@ y una montaña rusa emocional empieza a invadir tus días llevándote a analizar los comentarios de los demás y teniendo miedo a las críticas o tal vez al rechazo. Somatización No es la primera vez que hablamos sobre la somatización, y es que el cuerpo acaba hablando por nosotr@s. Una excesiva rumiación derivada de la culpa, puede llevarnos a experimentar dolores en muchas partes de nuestro cuerpo: cabeza, estómago, dolores tensionales, y un largo etc. Paralización La culpa nos paraliza. Cuando cuestionamos cada parte de nosotros y cada cosa que hacemos, perdemos naturalidad porque es nuestra cabeza la que empieza a pensar por nosotr@s. Empezamos a darnos a los demás perdiendo nuestra capacidad de poner límites. Recordemos que la culpa tiene una función y como tal, es sana y útil cuando aparece en momentos concretos de nuestra vida. Sin embargo, queremos añadir una nota mental: Cuando la culpa aparece, en la mayor parte de las ocasiones, LO HICISTE DE LA MEJOR MANERA QUE SABÍAS HACERLO. Queremos gritarlo fuerte porque en cada etapa de nuestra vida tenemos un conocimiento diferente acerca de cómo somos y de cómo funcionamos, y por eso mismo no sería justo para cada un@ de nosotr@s juzgarnos desde la perspectiva del tiempo. ¿Cómo podemos trabajar la culpa? Aunque en ocasiones no todo depende de lo que hagamos, es importante tomar responsabilidad sobre nosotr@s mismo@s  y nuestras relaciones. Para trabajar la culpa, es interesante que centremos nuestra atención en: Cuidar nuestra autoestima: trabajar por darnos espacio, escuchar lo que necesitamos y respetarlo. Tener compasión: Debemos tomar responsabilidad sobre lo que ocurre, pero no podemos controlarlo todo. Revisar nuestras creencias: Trata de analizar de forma objetiva lo que ha sucedido y cuestiónate las dudas que aparecen sobre cómo actuaste ¿el daño que he causado es tan irreparable? ¿hay algo que hubiera sabido hacer mejor en ese momento? En esta entrada te ayudamos a normalizar la asistencia a sesiones: ¿por qué nos cuesta tanto ir al psicólogo? Conoce más sobre nosotros en la web o contáctanos a través de nuestras redes sociales.

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“Yo puedo con todo”

¿Es normal que de vez en cuando sea difícil para mi estar al 100%? ¿Cuáles son las razones que me llevan a querer poder con todo? ¿Qué hago si me cuesta pedir ayuda? ¿Cómo ayudo a una persona para quién pedir ayuda es complicado? ¿Cuántas veces te has encontrado en la situación de querer llegar a todo y no poder? ¿Cuántas frases motivacionales has visto en las que se decía que ‘querer es poder’? (Te lo confesamos, esto no siempre es así) ¿A cuántas personas de tu entorno has visto al punto del colapso y siendo incapaces de pedir ayuda? Hoy en Psicoline queremos hablar de la dificultad que algunas personas tienen para dar el paso y reconocerse a si mismas que de vez en cuando no pueden. Pedir ayuda es complicado, sobre todo porque significa aceptar y reconocernos a nosotr@s mism@s que no podemos llegar a todos los objetivos que nos gustaría. Hoy en Psicoline queremos hablar de la dificultad que algunas personas tienen para dar el paso y reconocerse a si mismas que de vez en cuando no pueden. Pedir ayuda es complicado, sobre todo porque significa aceptar y reconocernos a nosotr@s mism@s que no podemos llegar a todos los objetivos que nos gustaría. ¿Es normal que de vez en cuando sea difícil para mi estar al 100%? Sí, claro que lo es. Muchos de nosotros, queremos estar bien siempre. Parece que el dolor o las cosas negativas se nos hacen un poco cuesta arriba. ¿Quién va a querer estar mal? te podrás preguntar. Y es verdad que las emociones ‘negativas’ (y las pongo entre comillas porque no son negativas sino desagradables) como la ira o la tristeza no nos suelen gustar. Por eso, cuando vemos que la vida se nos hace un poco difícil, son las primeras emociones que queremos hacer desaparecer, porque nos da la sensación de que si no están ahí, significa que todo va bien. Sin embargo, parece que en nuestro camino nos vamos encontrando con alguna que otra subida y bajada y no por mucho desearlo, esas emociones desaparecerán. Podemos tratar de ocultarlas, silenciarlas o no hacerles caso, pero de hacerlo tal vez acabarán volviendo de una forma más desagradable. Querer dejarlas de lado es normal, pero te proponemos hacerlo desde la consciencia, intentando prestarles atención, tratando desaber qué me pasa y por qué, y sobre todo, buscando el mensaje que quieren transmitirnos. ¿Cuáles son las razones que me llevan a querer poder con todo? Digamos que no existe una sola razón por la que todas las personas llegamos a eso. Si nos sigues de hace tiempo, sabrás que nos gusta poder indagar un poco en la historia de cada un@ de nosotr@s y reflexionar sobre los temas que planteamos. Hoy no va a ser menos, y te queremos dejar alguna pregunta que tal vez te ayude a descubrir un poquito más de dónde aparece esa fuerte responsabilidad: ¿Dónde has aprendido que es necesario poder con todo? ¿Cómo te hace sentir no llegar a algún objetivo que te hayas puesto? ¿Qué significa para ti el fracaso? ¿Con qué relacionas pedir ayuda? Si sientes que estás en constante movimiento y llen@ de cosas que hacer ¿qué ocurriría si te permitieras parar? ¿Qué personas de tu entorno hacían lo mismo y qué imagen tenías de ellas? Por otro lado, ¿qué personas has visto a lo largo de tu vida que se veían sobrepasadas por las tareas del día a día y qué pensabas de ellas? ¿Qué hago si me cuesta pedir ayuda? Si estás acostumbrad@ a no hacerlo, dar el primer paso es complicado. Si has podido responder a las preguntas anteriores, tal vez te hayas hecho una idea de por qué te ocurre esto, y desde esa perspectiva, dar pequeños pasitos tal vez sea más fácil. Nuestra propuesta es empezar haciéndolo con personas que sean de plena confianza. Personas con las que te sientas segur@ y con quién sientas que te puedes permitir mostrar partes de ti que a veces se vuelven difíciles de enseñar. No hace falta que el primer intento que hagas sea en situaciones en las que te sientas muy desbordad@. Empieza por cosas pequeñas. Por ejemplo, si sientes que no llegas con las tareas de casa y que tu pareja o compañer@s de piso podrían facilitarte parte de ese trabajo, pídeles que te echen una mano. Algo así como: ‘Siento que hoy estoy un poco desbordad@ con todo el trabajo que tengo que hacer. Sería algo puntual, pero me ayudaría que me echaras una mano con la cena ¿podrías encargarte tú hoy de ella?’ Prueba a ver cómo te sientes y trata de ver qué emociones y qué dificultades pueden aparecer. Analizarlas y reflexionar sobre ellas, puede ser un buen punto de partida para seguir dando pequeños pasos. ¿Cómo ayudo a una persona para quién pedir ayuda es complicado? Si estás leyendo esto, tal vez en alguna ocasión has visto a personas al borde del colapso. Quizá les has visto sobrepasadas por una situación e incluso así, con dificultad para pedir ayuda. Es importante que sepas que eso no significa que no lo necesiten, sino que a veces puede ser complicado para ell@s. Si te encuentras en esa situación, te proponemos que en momentos en los que veas que puedan necesitarlo, les tiendas una mano a la vez que respetas ese espacio personal. Algo que puede ser útil es: ‘Me da la sensación de que hoy hay algo que te preocupa. No sé si necesitas algo de mi, pero en caso de ser así estaré encantad@ de echarte una mano y ayudarte.’ Si en algún momento sientes que todo esto se vuelve un poco complicado, también es importante darles opciones de profesionales con los que trabajar esta situación. En esta entrada te ayudamos a normalizar la asistencia a sesiones: ¿por qué nos cuesta tanto ir al psicólogo? Conoce más sobre nosotros en la web o contáctanos a través de nuestras redes sociales.

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¿Qué es la terapia?

Hay una frase que en Psicoline nos gusta especialmente: ‘A terapia no van los locos, sino aquellos que tienen la madurez de hacerse cargo de sus emociones’. Al empezar un proceso de terapia hay muchas dudas, ¿será demasiado para mi? ¿realmente lo necesito? ¿qué pensarán de mi? ¿cuánto tiempo durará? ¿conectaré con mi terapeuta? Si alguna vez te has descubierto a ti mism@ con este tipo de preguntas, tal vez te interese este post, así que te invitamos a seguir leyendo. A pesar de saber y tener todas esta teoría en la cabeza, hay personas para quien esto se vuelve complicado. Cuando empezamos a sentir que no se trata únicamente de timidez o vergüenza, podemos encontrarnos en el polo extremo de la ansiedad. Si quieres saber más de ello, sigue leyendo. ¿Cuándo es un buen momento para empezar a terapia? Siempre. A veces pensamos que estar al límite es la forma de saber que tenemos que empezar un proceso de terapia y se nos acaba olvidando que en el peor momento, es cuando más complicado se nos hace reaccionar. Te vamos a poner un ejemplo: Imagínate que decides subir una montaña sin beber agua en todo el trayecto porque piensas que se te va a acabar y prefieres guardarla para la bajada. Resulta que justo cuando llegas a la cima y puedes descansar, te deshidratatas (porque no sabías que podía ocurrir) y tu cuerpo necesita ayuda. ¿Qué hubiera ocurrido si desde el minuto 1 te avisan de que es importante beber porque sino tu cuerpo puede reaccionar mal?. Te plantearías gestionar bien el agua pero permitiéndote beber de vez en cuando ¿verdad? Lo mismo ocurre con la terapia. A veces tenemos la creencia de ‘Ya iré si viene un problema de verdad porque antes no lo necesito’. Sin embargo, aprender a tener herramientas en momentos en los que nos sentimos más tranquilos, es la mejor manera de poder hacerlas nuestras para utilizarlas en situaciones complejas y no sentirnos tan desbordados. ¿Cómo funciona un proceso de terapia y cuánto tiempo dura? Lo primero que queremos aclarar aquí es que en psicología existen diferentes escuelas desde las que entender a las personas y cada psicólog@ puede tener una formación. A pesar de ello, tod@s comparten un orden similar en algunas cosas: Toma de contacto Es el momento de establecer un primer contacto con quien será tu terapeuta y podrás ser consciente de la sensación que puede transmitirte. Fase de evaluación Dependiendo de cada escuela, esta evaluación tiene una duración, pero son sesiones en las que tratamos de entender y dar sentido al problema con el fin de poco a poco poder, ayudarte a darle sentido. Hay psicólogos que deciden hacer una devolución poniéndola en común con su paciente para aclarar algunos puntos de lo hablado hasta ese momento. En esta parte, pueden definir también la línea de tratamiento que se seguirá y los objetivos comunes que podréis trabajar. Fase de tratamiento Una vez que habéis aclarado los objetivos y que sabéis los diferentes caminos que queréis recorrer (aunque en el proceso aparezcan más), es el momento de empezar a poner en marcha estrategias y propuestas que te ayuden a conocerte y dar solución al problema. Seguimiento Llegado este punto de la terapia, tu terapeuta posiblemente te proponga espaciar las sesiones con el fin de ver cómo te sientes y cómo eres capaz de asentar todo lo trabajado. Cierre Cuando tu psicólog@ vea que te sientes preparado o tú mismo lo decidas (siempre recomendamos que con la opinión de tu profesional), la terapia llegará a su fin. Es importante saber que puede ser una decisión complicada, y sobre todo aclarar, que si en algún momento sientes que lo necesitas, podrás volver a pedir ayuda. ¿Cómo puede ayudarme un/a psicólog@ a mejorar mis problemas? Esta pregunta puede aparecer, y es totalmente normal. Podrás pensar: ‘Si yo sabiendo todo lo que me pasa por la cabeza y habiéndole dado muchas vueltas sigo sintiéndome igual, ¿cómo va a poder ayudarme alguien que no está dentro de mi?’. Y no es una pregunta desacertada, solo que nos gustaría añadir algunas cosas. Un/a psicólg@ es un profesional que cuenta con muchas herramientas para poner solución a los problemas de nuestro día a día. Es una persona objetiva en nuestra vida, y es precisamente esa objetividad que le da ver tu historia desde fuera, la que le permite aportar una visión diferente al problema tratando de ayudarte a encontrar las herramientas que más se adapten a ti. Es un profesional que no juzga, que acompaña y que trata de entender las dificultades que se pueden dar en el proceso de mejora. Te ayudará a entender el por qué de lo que sucede, y a conocer y dar sentido a partes de ti que a veces pueden generarte dudas. Es un trabajo conjunto que requiere de implicación. Lo que no nos cuentan de la terapia La terapia implica responsabilidad, esfuerzo y sinceridad. El cambio no viene solo. A veces por nuestra historia de vida, abrirnos a una persona puede ser complicado, e incluso en ello el profesional te acompañará. Sin embargo, y teniendo en cuenta los pasos difíciles del proceso, la mejora pasa por implicarse en los pequeños cambios y propuestas que se van planteando. Analizando lo complicado de cada uno de esos pasos, pero implicándonos en la mejora. Es importante saber que tu terapeuta no está ahí para juzgarte y que la sinceridad es el primer paso para poder dar sentido a lo que nos ocurre de forma real. No siempre llegamos a comprender nuestra historia desde el principio, a veces tenemos que encontrar muchas piezas antes de encontrar el significado que mejor encaje, pero esa sinceridad, es la primera parte para ello. Tu psicólog@ está ahí para ayudarte, y el proceso será más fácil desde ahí. Mensajes de nuestro entorno. A veces no entienden el por qué de empezar la terapia. A día de hoy podemos sentir que todavía es un estigma en nuestra sociedad y eso

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Las redes sociales y su impacto psicológico

Las redes sociales forman parte de la vida de muchos de nosotros. A veces las tenemos tan presentes y normalizadas, que no nos damos cuenta del impacto psicológico que puede tener. Hoy damos importancia a todo esto. En la actualidad las redes sociales tienen un gran impacto en la sociedad. Puede, incluso, llegar a parecer que si no estás en las redes sociales es como si no existieras, como si no formaras parte de este mundo o estuvieras fuera de la “moda”. Hoy en día son pocas las personas que no tienen un perfil en alguna red social. Lo que varía de un perfil a otro es la motivación, el porqué has decidido hacerte un perfil. Algunas personas utilizan las redes sociales con una finalidad profesional (buscar trabajo…) y otras como diversión (subir una foto que guste, un vídeo…). Es por esto que el tipo de publicaciones es distinto. LA COMUNICACIÓN Y LAS REDES SOCIALES Las redes sociales han cambiado el mundo que nos rodea y por sobre todo nuestra forma de comunicación. Las redes sociales se han convertido en una forma de comunicación rápida y sencilla que tiene un alcance global y que nos permite la comunicación con personas de todo el mundo. Esto, que parece solo tener ventajas, puede hacer que las personas se aíslen en estas plataformas y no vivan una vida real sino sólo la virtual. NUESTRA IDENTIDAD REAL O VIRTUAL La cuestión que nos gustaría plantear es si realmente en las redes sociales nos mostramos como somos o cómo queremos que el mundo nos vea, ese yo ideal que nos gustaría ser porque creemos que gusta más, que es mejor y más divertido que nuestro verdadero yo. Utilizamos todo tipo de herramientas para llegar a modificar nuestra apariencia (filtros, photoshop…), invertimos mucho tiempo en elegir nuestras fotos de perfil ( ¿en cuál salgo mejor?¿cuál gustará más?¿cuál tendrá más likes?…)intentando crear una imagen virtual que la mayoría de las veces nada tiene que ver con la realidad, creando así una versión mejorada de nosotros mismos. LOS RIESGOS PSICOLÓGICOS DE LAS REDES SOCIALES Como ya hemos mencionado con anterioridad, las redes sociales tienen grandes beneficios, sobre todo en comunicarnos, pero también pueden suponer un riesgo psicológico si no se utilizan de la forma adecuada. Los riesgos pueden ser: Adicción a las redes sociales: La ansiedad que puede generar en las personas (la mayoría adolescentes) cuando dejan de mirar durante un corto periodo de tiempo sus redes sociales. Aislamiento:Podemos llegar a sustituir las relaciones personales (el conocido “cara a cara”)por las relaciones virtuales a través de las plataformas como Facebook, Twitter, Instagram.. y así evitar las interacciones humanas reales.  Comportamiento antisocial: El aislamiento anteriormente mencionado puede generar que las únicas interacciones que conozcamos sean a través de redes sociales. Desconexión de redes: Puede generar ansiedad y estrés.

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