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¿Por qué nos cuesta tanto ir al psicólogo?

Acudir a terapia por primera vez es una decisión difícil de tomar. Conoce el motivo.
María Gil 11/10/2020

Acudir a terapia por primera vez es una decisión difícil de tomar, ya que con ello tendremos que hacer frente a comportamientos que hemos aprendido a lo largo de nuestra vida. A pesar de ello, es curioso cómo en aquellas ocasiones que experimentamos un dolor físico sí nos sentimos capaces de pedir ayuda, pero cuando se trata de problemas como la ansiedad, la depresión o cualquier otro que se oriente más hacia lo psicológico, nos mostramos más reticentes a pedir ayuda.

Entendemos que la psicología tiene algunos estigmas y que incluso hoy en día no deja de ser un ámbito de nuestra sociedad que está por descubrir. Son muchas las ideas preconcebidas que tenemos sobre la psicología y es interesante que podamos darles una segunda vuelta para comprender el por qué es positivo naturalizar ir al psicólogo. Algunos de los motivos por los que la gente tiene miedo de acudir a terapia son:

  • Estigma social y el miedo a sentirse juzgado: “¿qué pensarán si voy al psicólogo?

Si bien es cierto que la terapia cada día está más normalizada, en muchas ocasiones se sigue considerando que sólo aquellas personas que tienen problemas graves necesitan acudir a ella. Nada más lejos de la realidad, ya que una de sus principales funciones, es ayudarnos a hacer frente a aquellas pequeñas particularidades de la vida que nos generan malestar con el fin de aprender a gestionarlas de una forma diferente a como lo hayamos hecho hasta la fecha.

  • Sentirse una persona débil.

Hay personas que necesitan sentir que son capaces de hacer frente a todos los problemas que les aparecen, ya que si no, están poniendo en juego su autoestima. ¿Entonces qué pasa cuando la situación no se resuelve y siguen experimentando malestar? Que, en gran medida, sentirán que su valor disminuye. Pero, ¿qué es lo que pasa realmente?: que ser débil o una persona con valor, no está relacionado con poder pedir ayuda cuando sentimos que afrontar un determinado problema es demasiado para nosotros.

  • Miedo a revivir vivencias de nuestra vida que producen dolor.

Este es uno de los miedos más comunes y que posiblemente más nos estancan a la hora de pedir ayuda, y es que la terapia es un lugar para reconstruirnos, para entender nuestra historia y aceptarnos de una forma más sincera. Tenemos miedo al dolor, cuando el crecimiento es inevitable sin esa parte que nos haga crecer y construirnos de nuevo.

Estos son algunos ejemplos de por qué nos cuesta levantar el teléfono para pedir ayuda. Es importante que tengamos en cuenta la importancia de contar con personas que, en determinados momentos de nuestra vida nos aporten una visión diferente de los problemas.

     
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