Mi pareja dice que estoy mal de la cabeza: ¿cómo saber qué está pasando?
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«Estás loca.» «El problema lo tienes tú.» «Te montas películas en tu cabeza.» «Siempre exageras todo.»
Guía rápida de lectura
ToggleSi alguna de estas frases aparece con frecuencia en tu relación, es normal que termines preguntándote: “¿Y si realmente el problema soy yo?”
Cuando mi pareja dice que estoy mal de la cabeza, lo importante no es quedarse únicamente con esa frase, sino observar qué está ocurriendo entre vosotros y, sobre todo, cómo te hace sentir esa forma de comunicarse.
Cuando una discusión se convierte en un ataque personal
En una relación es normal tener opiniones diferentes, enfadarse o interpretar una misma situación de formas distintas. Lo que marca la diferencia es cómo se gestiona ese desacuerdo.
Imagina esta situación:
— “Me molestó que ayer no me avisaras de que llegarías tan tarde.” — “De verdad, estás fatal. Siempre tienes que hacer un drama por todo.”
Aquí el problema inicial era concreto: no avisar. Sin embargo, la conversación deja de centrarse en lo ocurrido y pasa a cuestionar a la otra persona.
No es lo mismo decir “creo que estás interpretando esta situación de otra manera” que decir “estás mal de la cabeza”.
¿Por qué mi pareja me hace sentir que estoy loca?
Puede haber diferentes motivos. A veces se utilizan este tipo de expresiones durante una discusión por enfado, frustración o falta de habilidades para comunicarse.
Pero si ocurre constantemente, conviene prestar atención.
Por ejemplo, si cada vez que expresas que algo te ha molestado tu pareja responde diciendo que eres demasiado sensible, que exageras o que inventas problemas, puedes terminar desconfiando de tus propias emociones.
Y ahí aparece una pregunta importante: ¿puedo expresar lo que siento en esta relación sin que automáticamente se invalide?
¿Puede ser gaslighting?
En algunos casos, hacer que una persona dude repetidamente de lo que recuerda, siente o percibe puede formar parte de una dinámica conocida como gaslighting.
Por ejemplo:
— “Ayer me dijiste que no querías venir conmigo.” — “Yo jamás he dicho eso. Te inventas las cosas.”
Un desacuerdo puntual sobre lo que ocurrió no significa necesariamente que exista gaslighting. Todos podemos recordar una conversación de manera diferente.
La señal de alerta aparece cuando se convierte en un patrón: una persona niega repetidamente determinados hechos, desacredita la percepción de la otra o consigue que termine dudando constantemente de sí misma.
“A lo mejor realmente estoy exagerando”
Esta duda es especialmente importante.
Cuando escuchamos muchas veces frases como “eres demasiado sensible”, “todo te afecta” o “el problema siempre eres tú”, podemos empezar a interiorizarlas.
Entonces, antes incluso de expresar algo que nos ha molestado, pensamos:
«Mejor no digo nada.» «Seguro que estoy exagerando.» «Quizá debería aguantarme.»
Poco a poco, puedes empezar a necesitar que tu pareja confirme si tienes o no derecho a sentirte de determinada manera.
Sin embargo, sentir una emoción no significa tener siempre razón sobre lo ocurrido, pero tampoco convierte esa emoción en algo absurdo o inválido.
¿Cómo saber si existe un problema en la relación?
En lugar de preguntarte únicamente “¿quién tiene razón?”, puede resultar más útil observar cómo funcionan vuestros conflictos.
Pregúntate:
- ¿Puedo explicar que algo me ha molestado sin recibir insultos?
- ¿Mi pareja escucha mi punto de vista aunque no esté de acuerdo?
- ¿Terminamos hablando del problema o siempre acabamos hablando de lo que supuestamente está mal en mí?
- ¿Después de discutir suelo sentirme confundida y dudar de lo que recuerdo?
- ¿Tengo miedo de expresar determinadas emociones para evitar su reacción?
Una discusión aislada no define una relación. Los patrones repetidos, en cambio, sí merecen nuestra atención.
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¿Cómo sería mejor reaccionar cuando la pareja nos dice que estamos “mal de la cabeza”?
El primer paso puede ser intentar volver al hecho concreto.
Si tu pareja responde “estás loca, siempre exageras”, puedes intentar decir:
“No quiero discutir sobre si soy exagerada o no. Quiero hablar de lo que ha ocurrido y de cómo podemos gestionarlo.”
También puedes poner un límite a determinadas formas de comunicación:
“Podemos estar en desacuerdo, pero no quiero que utilicemos insultos o descalificaciones cuando discutimos.”
Otra estrategia útil es hablar de los problemas cuando ambos estéis más tranquilos, en lugar de intentar resolverlos en el momento de mayor enfado.
Y presta atención a lo que sucede después. No solo importa que pongas un límite, sino cómo responde la otra persona cuando lo haces.
No necesitas demostrar que estás “loca” o que tienes razón
Si últimamente piensas con frecuencia “mi pareja dice que estoy mal de la cabeza y ya no sé si puedo confiar en lo que siento”, intenta salir por un momento de la discusión y observar la relación desde fuera.
Piensa en una situación reciente y escribe tres cosas: qué ocurrió, cómo te sentiste y cómo respondió tu pareja cuando intentaste hablar de ello.
Este pequeño ejercicio puede ayudarte a diferenciar los hechos de las interpretaciones y a detectar si existe un patrón que se repite.
En una relación sana podemos equivocarnos, reaccionar mal o interpretar las cosas de manera diferente. Pero también debería existir espacio para decir “esto me ha dolido” sin sentir que tenemos que defender nuestra estabilidad emocional.
Si las descalificaciones son frecuentes, cada vez dudas más de ti o sientes que no puedes expresar lo que piensas sin miedo a la reacción de tu pareja, hablar con un profesional de la psicología puede ayudarte a entender qué está ocurriendo y a recuperar una perspectiva más clara sobre la relación.
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Porque una pareja no tiene que pensar siempre como tú. Pero el desacuerdo tampoco debería convertirse en una forma de hacerte dudar constantemente de ti misma.

Soy Alejandro García Gutiérrez (Psicólogo colegiado M-36170) y estaré encantado de acompañarte en este nuevo proceso. Estoy graduado en psicología por la Universidad Pontificia de Salamanca y con el Máster General Sanitario por la UNIE. Además de estas titulaciones oficiales me he especializado en terapias de tercera generación, mindfulness, gestión emocional y terapia de pareja.



