¿Qué es una persona vitamina y cómo reconocerla?

Hay personas con las que puedes pasar horas hablando y marcharte sintiéndote mejor. Personas a las que puedes contarles una buena noticia sin miedo a que le quiten importancia y a las que puedes acudir en un mal momento sin sentirte juzgado.

Quizá tengas alguna en mente mientras lees esto.

Es lo que popularmente conocemos como una persona vitamina. Pero ¿qué es exactamente una persona vitamina y por qué algunas relaciones nos hacen sentir tan bien?

¿Qué es una persona vitamina?

El concepto de persona vitamina fue popularizado por la psiquiatra Marian Rojas-Estapé, autora del libro Encuentra tu persona vitamina. Con este término hace referencia a aquellas personas que nos hacen bien, nos transmiten confianza, nos apoyan y son capaces de sacar una buena versión de nosotros mismos.

Una persona vitamina puede ser tu pareja, tu mejor amigo, tu hermana, un compañero de universidad o incluso alguien que has conocido hace relativamente poco.

No importa tanto cuánto tiempo lleve en tu vida, sino cómo te sientes dentro de esa relación.

¿Cómo es una persona vitamina?

Ser una persona vitamina no significa estar siempre de buen humor, tener una personalidad extrovertida o solucionar los problemas de los demás.

De hecho, una de sus características más importantes es algo mucho más sencillo: te permite ser tú mismo.

Por ejemplo, imagina que has suspendido un examen importante.

Una persona puede responder:

«Bueno, tampoco habrás estudiado tanto.»

Mientras que otra puede decir:

«Entiendo que estés decepcionado. Si quieres hablar, estoy aquí.»

La segunda persona no ha solucionado el problema ni ha intentado convencerte de que no pasa nada. Simplemente ha sabido acompañarte.

Señales de que tienes una persona vitamina cerca

Aunque cada relación es diferente, existen algunos comportamientos que suelen aparecer en los vínculos que nos hacen bien.

Una persona vitamina suele escucharte sin convertir inmediatamente la conversación en algo sobre ella, respeta tus límites, se alegra de tus logros y te permite expresar emociones desagradables sin hacerte sentir culpable por ellas.

También puede decirte algo que no quieres escuchar.

Porque ser una persona vitamina no significa darte siempre la razón.

Tu mejor amigo puede decirte: “Creo que esta vez te has equivocado” y continuar siendo una relación saludable. La diferencia está en que puedes sentir que esa opinión nace del cariño y no de la intención de hacerte sentir inferior.

Las personas vitamina también tienen días malos

Este punto es importante.

En redes sociales podemos convertir fácilmente conceptos psicológicos en etiquetas: esta persona es vitamina, esta otra es tóxica.

Pero las relaciones humanas son bastante más complejas.

Una persona que nos hace bien también puede enfadarse, estar cansada, cometer errores, necesitar espacio o responder mal algún día.

Por eso, más que buscar personas perfectas, puede ser útil observar el patrón general de la relación.

¿Te sientes habitualmente escuchado? ¿Existe reciprocidad? ¿Puedes mostrarte vulnerable? ¿Hay respeto incluso cuando no estáis de acuerdo?

Eso nos dice mucho más sobre un vínculo que una discusión puntual.

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¿Por qué necesitamos relaciones que nos hagan bien?

Las relaciones sociales tienen un papel importante en nuestro bienestar psicológico. Sentir que tenemos personas en las que podemos confiar nos proporciona apoyo, seguridad y sensación de pertenencia.

Marian Rojas-Estapé relaciona precisamente el concepto de persona vitamina con los vínculos que generan confianza y seguridad. También destaca el papel de la oxitocina en las relaciones interpersonales y la importancia de rodearnos de personas que nos hagan bien.

Pero esto no significa que debamos depender de los demás para sentirnos bien.

Una relación saludable debería acompañarnos, no convertirse en nuestra única fuente de bienestar.

¿Y tú? ¿También puedes ser una persona vitamina?

Quizá la pregunta más interesante no sea solamente “¿quién es mi persona vitamina?”, sino otra:

¿Soy yo una persona vitamina para los demás?”

Puedes empezar por cosas muy pequeñas.

Escuchar a un amigo sin mirar constantemente el móvil. Alegrarte sinceramente cuando alguien consigue algo que llevaba tiempo buscando. Preguntar “¿cómo estás de verdad?” y quedarte a escuchar la respuesta. Respetar un límite sin interpretarlo como un rechazo. O acompañar a alguien en un momento difícil sin sentir la obligación de darle inmediatamente una solución.

También puedes observar tus relaciones actuales y preguntarte:

  • ¿Con qué personas puedo ser realmente yo?
  • ¿Quién me transmite tranquilidad en lugar de hacerme estar constantemente en alerta?
  • ¿Qué relaciones me ayudan a crecer sin hacerme sentir insuficiente?

Y, sobre todo, recuerda que no se trata de llenar tu vida únicamente de “personas vitamina” y eliminar a cualquiera que tenga un mal día. Se trata de aprender a reconocer y cuidar aquellos vínculos en los que existen respeto, confianza, apoyo y reciprocidad.

Porque cuidar nuestra salud emocional también implica prestar atención a las personas que dejamos entrar en nuestra vida… y a la persona que nosotros elegimos ser cuando entramos en la vida de los demás.

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