¿Qué son los pensamientos intrusivos? ¿Es normal tenerlos?

Qué son los pensamientos intrusivos

Vas conduciendo y de repente piensas: “¿Y si girara el volante bruscamente?”. Estás hablando con alguien y aparece en tu cabeza una frase completamente inapropiada. O sales de casa y, aunque sabes que has cerrado la puerta, surge la duda: “¿Y si la he dejado abierta?”.

Este tipo de ideas pueden resultar extrañas, desagradables o incluso asustarnos. Son ejemplos de pensamientos intrusivos y, aunque a veces nos cueste reconocerlo, pueden aparecer en muchas personas.

Pero ¿qué son los pensamientos intrusivos exactamente y cuándo deberían preocuparnos?

Pensamientos intrusivos: ¿qué son?

Los pensamientos intrusivos son ideas, imágenes, impulsos o dudas que aparecen en nuestra mente de manera involuntaria. Es decir, no decidimos conscientemente pensar en ellos.

Pueden estar relacionados con temas muy diferentes: cometer un error, hacer daño a alguien, sufrir un accidente, decir algo inapropiado, perder el control o que ocurra algo malo a una persona que queremos.

Por ejemplo:

“¿Y si durante la presentación me quedo completamente en blanco?”

“¿Y si empujo accidentalmente a alguien al pasar por aquí?”

“¿Y si mi madre tiene un accidente cuando vuelva a casa?”

Lo que suele generar malestar no es solamente el contenido del pensamiento, sino preguntarnos por qué hemos pensado algo así.

¿Es normal tener pensamientos intrusivos?

Sí, experimentar ocasionalmente pensamientos no deseados puede formar parte del funcionamiento habitual de nuestra mente. Tener un pensamiento extraño, desagradable o contrario a nuestros valores no significa que queramos llevarlo a cabo ni que vaya a suceder.

Esta diferencia es especialmente importante.

Imagina que estás sosteniendo el móvil de un amigo cerca de una ventana y piensas: “Podría tirarlo ahora mismo”. Que esa idea haya aparecido espontáneamente no significa que tengas intención de hacerlo.

Nuestra mente genera continuamente pensamientos. Algunos son útiles, otros absurdos, otros incómodos y muchos desaparecen rápidamente.

¿Cuáles son las principales características de los pensamientos intrusivos?

Una característica fundamental es que aparecen sin buscarlos. Además, pueden ser repetitivos y resultar difíciles de ignorar precisamente cuando intentamos eliminarlos.

También suelen provocar emociones como miedo, culpa, vergüenza o ansiedad cuando su contenido choca con nuestros valores.

Por ejemplo, una persona muy cuidadosa puede tener repetidamente la imagen de provocar un accidente. Otra que quiere profundamente a su pareja puede experimentar un pensamiento agresivo inesperado y preguntarse: “¿Cómo puedo pensar esto si jamás querría hacerle daño?”.

Precisamente porque ese pensamiento resulta contrario a lo que la persona desea, puede llamar todavía más su atención.

Cuanto más intento no pensarlo, más aparece

Uno de los problemas puede surgir cuando empezamos a luchar constantemente contra estos pensamientos.

Prueba a decirte: “Durante los próximos treinta segundos no puedo pensar en un elefante rosa”. Probablemente, lo primero que aparezca en tu cabeza sea precisamente un elefante rosa.

Con los pensamientos intrusivos puede suceder algo parecido. Intentar comprobar constantemente si han desaparecido o esforzarnos demasiado por bloquearlos puede hacer que les prestemos todavía más atención.

Por eso, el objetivo no siempre consiste en conseguir que nunca vuelvan a aparecer, sino en aprender a relacionarnos de otra manera con ellos, entendiendo que un pensamiento es un acontecimiento mental y no necesariamente una intención, un deseo o una realidad.

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¿Cuándo conviene prestarles más atención?

Aunque los pensamientos intrusivos pueden aparecer ocasionalmente sin que exista un problema psicológico, conviene prestar atención cuando son muy frecuentes, generan un nivel elevado de ansiedad, ocupan gran parte del día o nos llevan a modificar nuestra vida para intentar evitarlos.

Por ejemplo, dejar de conducir por miedo a perder el control, comprobar una y otra vez que algo está cerrado o necesitar constantemente que otra persona nos confirme que “no va a pasar nada”.

Cuando estos pensamientos empiezan a condicionar el día a día, hablar sobre ellos con un profesional (ver terapias online) puede ayudar a comprender por qué están adquiriendo tanto peso y, sobre todo, a aprender a gestionarlos sin que sean ellos quienes marquen nuestras decisiones.

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